Motivación

Se nos ha enseñado que uno de los principios de las leyes de movimiento es referente a que toda acción tiene una reacción; sin embargo, para que una persona pueda llevar a cabo una acción es necesario que exista un estímulo que lo genere. Todos estos factores que nos estimulan a efectuar una actividad conforman la motivación, la cual se ve implicada en todas las áreas de nuestra vida y actividades que llevamos a cabo, en aquellas que son complejas e incluso en otras que quizás veamos tan sencillas debido a la frecuencia con la que se realizan que son parte de nuestra cotidianidad, como el levantarnos cada mañana, tomar una ducha, cumplir con las tareas del hogar y académicas, etc.

De acuerdo a lo que Eduardo Héctor menciona “La motivación significa movimiento hacia la consecución de metas, el cual está condicionado con las actitudes; las cuales son capacidades de responder favorablemente o no ante determinados estímulos, en este caso, con relación al aprendizaje.” (Héctor Ardisana, 2012).

Considerando esta idea, la motivación se ve reflejada mediante actitudes bien sea positivas o negativas las cuales se derivan de estos estímulos, lo cual significa que, si la motivación que se ejecute es positiva, así será el resultado que se obtenga, y si por lo contrario la motivación se da de una manera pasiva y negativa, los resultados serán negativos lo cual estará obstaculizando el aprendizaje de cualquier acción realizada.

La motivación puede resultar por diversas causas, entre las cuales se encuentra el grado de voluntariedad que se refiere a que la conducta motivada es siempre activada por un conjunto diverso de necesidades, valores o intereses personales. También puede surgir a causa de la persistencia, ya que la motivación se mantiene por un cierto periodo de tiempo; esa perdurabilidad es lo que permite que las conductas deseadas sean realizadas, a pesar de las dificultades que puedan presentarse.

También puede ser causa de la dirección hacia metas u objetivos, ya que la conducta motivada siempre tiene una finalidad, apunta a un cierto propósito, que tiene que ver con las necesidades o intereses que la activan y que se pretenden satisfacer a través de aquella; y, como una última causa es la autorregulación, porque esta implica una serie de procesos de carácter psicológico que posibilitan la programación y ejecución de la acción, así como la evaluación de los resultados de esta, en relación con los objetivos previamente establecidos.



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